.

Ahora todos nos acordamos de los vinilos, pero su obsesiva fragilidad lo convierte en una pieza de museo. Una casete no, la cinta es el formato del pueblo. Todos es rudo en una cinta: su diseño, su forma y las materias primas plásticas, el poder castrar una pestaña para no grabar más en ellas y la posibilidad de arreglarlas con celo o bolitas de papel. Ese averiguar si a la cinta le queda mucho, poco o regular de un simple vistazo, rebobinarlas con un boli Bic, la posibilidad de regrabar sus contenido hasta el infinito, hasta conseguir que al final sólo se escuchen psicofonías de Arapahoes o algo peor .
Todo es simple y poco sutil en las cintas de casete y por eso las recordamos con devoción. Sólo por eso, y porque las cintas siempre huelen a gasolinera y puticlub, antes de retirarla de nuestras perecederas vidas, le debemos reverencias y respeto. La máquina perfecta.
.
Gracias por resistir.
Supersonic-Man
