
O lo que es lo mismo: Where The Wild Things Are.
El libro no lo conocía; la película me ha gustado mucho. Lo primero que os diría es que estoy totalmente de acuerdo con este comentario de Spike Jonze: “No me propuse hacer una película para niños; mi intención era hacer una película sobre la infancia”. Creo que esta es la mejor definición. Os diría que intentéis ir a verla sin muchas pretensiones ni ideas preconcebidas, relajados y a la expectativa, dispuestos a que os cuenten un cuento. Es entonces cuando te emocionas.
Para mí es de esas películas que te va abriendo ventanitas mientras la estás viendo, y que luego, puede hacerte pensar durante días sobre los paisajes que se te presentaron a través de aquellas ventanas.
Las Emociones. El tipo y ritmo de vida que llevamos nos hace actuar como si éstas no existieran, olvidamos con demasiada frecuencia que somos un amasijo de carne, huesos, fluidos, algunas ideas y muchas emociones. Amasijo siempre cambiante. Cuánto daño ha hecho la filosofía occidental dando tanta importancia al carácter “racional” del ser humano, separando el cuerpo de la mente y casi divinizando la muchas veces sobrevalorada capacidad de raciocinio. Las emociones no sólo influyen en nuestro estado de ánimo, son lo que nos mueve, lo que nos motiva, lo que hará que por nuestra boca salgan “pastissets de moniato” (chicos, hablando de boniatos, moniato és en català!) o sapos y culebras. Tanto pueden afectar a nuestra salud física como a la temperatura del alma.
El desasosiego que en algunos momentos transmite la película es debido a las emociones: imprevisibles, mutantes, confusas. En la infancia los momentos de alegría son muy intensos, así como los momentos de tristeza pueden hacernos creer que somos los protagonistas de tremendas tragedias (por cierto que el niño transmite esto maravillosamente bien). Pero es que en la vida adulta las cosas no son muy diferentes. Las emociones siguen navegando por nuestro interior, a veces sosegadamente y otras veces impelidas por los vientos de desatadas tormentas. Además, igual de imprevisibles pueden resultarnos nuestras propias emociones como la respuesta que encontremos en los demás. Aunque empecemos a relacionarnos con el mundo desde niños, a veces me parece que las relaciones sociales siempre son un reto. Un reto de adaptación y compresión.
Uy que me voy por los cerros de Úbeda... pues la película, muy bien tanto el guión como el trabajo técnico. Se nota que era un proyecto importante para el director y que lo han preparado con mucho cariño (durante la creación del guión Spike Jonze y Dave Eggers estuvieron en contacto constantemente con Maurice Sendak, el autor del libro, el cual les aconsejó que sobretodo la historia no fuera condescendiente con los niños, que había que tomárselos en serio). Sorprendente el método utilizado para transmitir lo que se quería transmitir: una extravagante combinación de momentos mega-surrealistas con otros hiper-realistas. De fantasía poca.
Como muy bien dice el director, disfrutemos de la alegría salvaje y pura del viaje a la isla de los Monstruos, a la vez que nos hará pensar en los monstruos que todos nosotros llevamos dentro. :)
hollín

El caso es que bajo esa fachada de gordito bonachón y barbudo, que surca los cielos a bordo de un trineo tirado por renos, se tenía que esconder algún viaje lisérgico, procedente eso sí, del imaginario escandinavo, que tantas divinidades nos ha proporcionado.







Esta sombra tiene más cultura y arte que la que podrán imaginar en toda su vida.

